Destino, esa inevitable inclinación
el azar nos aterra
tentadora e irresistible
continuamente se alza ante nosotros
la útil máscara del destino.
Ineludibles verdades si hay,
sin dolor no hay amor
dos caras de una misma moneda son
para ganar hay que arriesgar
la otra opción es infinita soledad.
No es pecado abandonar,
juzgar altaneramente al prójimo
juzgar altaneramente al prójimo
ese burdo placer vulgar
no debe tener lugar.
Continuamente a la prudencia nos aferramos,
ese es otro escudo a traspasar
no hay amor sin saltar
terrenales inseguridades debemos dejar
para adentrarnos en las profundidades del mar.