Mientras caminabla hacia la Shell,
Los Ángeles y demonios ya dormían...
Cuando antes te miraba,
al pestañar no dudaba,
sentía que ahí mismo te iba a encontrar,
que al dormir podía cerrar mis ojos,
y a tu lado despertar,
compartir esas cosquillas tan infantiles,
con las que nos divertimos tanto.
Vivía en una estación,
sin conciencia de que el equinoccio rápidamente podía virar,
que me pondría en otro lugar,
huérfano de esa seguridad,
la que mi analista me dice que nunca es real.
Para no decepcionarme de nuevo,
mi mente se resiste a creer,
soy como un ateo,
por más palabras y señales,
sin fe no hay milagros ni amor.
Así es que me pierdo,
mareado al no ver el horizonte,
conciente de que impredecibles olas,
cuya forma ni aún Poseidón decidió,
pueden venir a puerto.
Elijo pues diversificar mis pilares,
más también me recuerdo,
debo sentir la tierra a mis pies,
que los estímulos afecten mi sentir,
renueven mi yo,
nuestro nosotros.
Jugaste tu carta,
Por lo bajo,
Aunque con firmeza.
Lo facilité,
Quizás me anticipé,
Pero prefería saberlo hoy,
Más que mañana,
Mi ansiedad por protegerme,
De la verdad que podía dividirnos,
Me ganaba.
En cierta manera,
Tenes razón,
Saber esto es como no saber nada,
En la vida hay una miríada de piedras,
En las que vemos relaciones encalladas.
No obstante,
Me veo ante una verdad dilatada,
Una ola que yace sumergida,
Puede ser olvidada,
Más conserva su energía y dinamismo,
Pudiendo resurgir de forma inesperada un sábado comiendo tostadas.
Por ello,
Aún centrándome en el ahora,
Como un chico de primaria,
Tengo tarea.
Siguiendo mi tradición,
Como un péndulo,
Me propongo oscilar,
Entre mí deseo y sus fronteras,
Navegar para adentro y para afuera,
Si nuestro proyecto sigue su marcha,
Un día me tocará cantar mis tantos,
Luego escuchar cuál es tu respuesta,
Ver si juntos podemos seguir izando nuestras velas.