domingo, 17 de septiembre de 2023

Movimiento

Cuando antes te miraba,

al pestañar no dudaba,

sentía que ahí mismo te iba a encontrar,

que al dormir podía cerrar mis ojos,

y a tu lado despertar,

compartir esas cosquillas tan infantiles,

con las que nos divertimos tanto.


Vivía en una estación,

sin conciencia de que el equinoccio rápidamente podía virar,

que me pondría en otro lugar,

huérfano de esa seguridad,

la que mi analista me dice que nunca es real.


Para no decepcionarme de nuevo,

mi mente se resiste a creer,

soy como un ateo,

por más palabras y señales,

sin fe no hay milagros ni amor. 


Así es que me pierdo,

mareado al no ver el horizonte,

conciente de que impredecibles olas,

cuya forma ni aún Poseidón decidió,

pueden venir a puerto.


Elijo pues diversificar mis pilares,

más también me recuerdo,

debo sentir la tierra a mis pies,

que los estímulos afecten mi sentir,

renueven mi yo,

nuestro nosotros.


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