Aunque en mi memoria,
Ya no exista el recuerdo,
Persiste la sensación,
Sí,
La que me provocaste,
Al entrar al departamento de Arcos.
Tenías esa mirada,
Simultáneamente pícara y atrevida,
Que no resulta desapercibida.
No se qué pasó por tu mente ese día,
Me queda la intriga.
Cuando por primer vez,
Esos ojos verdes en mí se posaron,
Por un momento,
Me obnubilaron,
Nunca del todo se marcharon,
¿Qué puede más que una mirada, no Melina?
Las tribulaciones,
Que ocupaban mi mente,
Solían opacarse en el lienzo,
Cuando distintivamente aparecías.
Disfrutaba esos eventuales encuentros,
Afilados y seductores,
En los que pretendía esconder mi vacilación,
La que provoca ese mundo,
Que te intriga e intimida,
En el que con placer,
Te internarías.
De la forma más inverosímil,
Surgió una birra,
La tinta,
Escribió las páginas,
De ese momento,
Qué mi deseo perseguía.
Unas vez dejados atrás,
Esos juegos preliminares,
Me sentí dichoso,
Entre sábanas,
Vinos y música,
Cartas tiradas a la medianoche,
Por un instante,
Vislumbré ese mundo,
Que siempre quise haber descubierto,
El que tu persona indicada,
Habitará por más tiempo.