No es una
tragedia,
Ni de los peores
dolores de una vida,
Más el
desconsuelo domina mi pecho.
Qué será de esa gente
que nos toca tan profundo,
Que desaparece
tan rápido,
Que se nos
escurre de los dedos
Cuando recién
empezábamos a disfrutar del tacto.
Quizás debía
arder y no durar,
O es la máscara
del destino la que me auxilia,
Cual fiel narcótico
para aliviar el pesar.
Sí, dicen muchos,
es una historia más,
Un capítulo
accesorio,
Tan inconveniente
como lejano,
Tan fugaz como incomprensible.
Más la conveniencia
no es amiga del deseo,
Que cual
caprichosa mariposa,
Vuela por los
destinos menos pensados,
Recorre los
páramos más apartados.
Son curiosos
estos momentos,
Únicos en su
especie,
En donde los
recuerdos de un elefante,
El resueno de la
risa de una desconocida
Y una siesta tan
heterodoxa como placentera
Parecen calar en
lo más profundo de uno.
No hay culpables,
Así es el juego,
A vivir la vida,
A mover de nuevo.
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