Fue en un frío día de invierno,
En una casa sin dueño,
Era un barrio distante,
Pero del que habría de apropiarme.
Los clichés estuvieron a la orden del día,
Las sonrisas también,
Anticipo de eternos viajes bajo el volante,
De canciones cantadas al unísono,
De mates y bizcochos matutinos.
Esa sonrisa de conejo,
Esos sorrentinos rellenos,
Esas diecitantas empanadas,
Recuerdos de algo que fue y no es,
Pasado etéreo y distante,
Aunque nítidamente tangible por momentos.
Creo que escribo para no olvidar,
Porque el sentimiento se aplaca,
los recuerdos se nublan,
Quedarán recuerdos de recuerdos,
Sedimentos de un amor sentido tallado en palabras.
Seis meses después...
Siento que te debo las gracias,
Por el coraje para dejar un barco sin rumbo ni destino,
Un navío sostenido por dos corazones exhaustos,
Uno del que no sé cómo hubiera descendido.
Querer todo ante la misma carencia de un camino,
Esa es la mejor definición,
De un amor por momentos fatídico,
Causa de peleas, lágrimas y migrañas,
De noches y tardes angustiosas,
Exabruptos y dardos reactivos,
Originados por una frustración ciega como el infinito.
Quizás nunca quiera decirte adiós del todo,
Ser de esos que entierran lo vivido,
Quizás el futuro me dibuje un nuevo lienzo,
Uno que opaque lo compartido,
O quizás simplemente deseo que sigas tu camino,
Con alguien que te acompañe a tu ritmo,
Pero sin perder tu rastro,
Tal que pueda cruzarme alguna vez en tu recorrido.
Con alguien que te acompañe a tu ritmo,
Pero sin perder tu rastro,
Tal que pueda cruzarme alguna vez en tu recorrido.
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