¿Cuál es el balance perfecto?,
El sano equilibrio entre la dedicación personal
Y el cuidado ajeno,
¿Es acaso un fenómeno cultural?,
¿O un mero acto de empatía personal?
Percibimos a “otros” y a los “nuestros”,
La solidaridad no es infinita,
Salvo para unos pocos santos,
Más para el resto,
La moral personal y colectiva se conjugan,
Dando a lugar los más dispares resultados.
Para escapar olvidamos,
Recordamos un espejismo del pasado,
Sin los momentos de indecisión,
Sin las noches de tribulación.
La edad trae libertad,
Así como dificultad,
A ganarse el pan,
A navegar en alta mar,
Sin brújula que nos indique para dónde avanzar.
Todos somos accesorios,
Un rizo en el lienzo de la vida,
Más bajo nuestra coyuntural temporalidad,
Cómo sujetos cartesianos aparecemos.
Sacarse el peso de encima,
Cómo la bruma del alba,
Surge como lo más conveniente,
Si acaso no miramos atrás,
Si no pensamos más allá.
Hay que elegir un camino,
Ese que traiga paz,
Sin minar nuestra verdad,
La energía vital,
Alimento de nuestra humanidad.
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