La alquimia,
De convertir la roca en pluma,
Fácil en el vacío,
Se vuelve difícil en nuestra cotidianidad.
Cuando nos enfrentamos a esos ojos,
Las expectativas,
Vaya a saber de quién,
Formadas dentro nuestro,
Se ponen la toga,
Mientras nosotros solos,
Nos sentamos en el banquillo.
No sería apropiado tirar la toalla,
El fuego interno sigue latiendo con ardor,
Más la lucha,
En la que Goliat tiene las de ganar,
Una que puede quemar nuestras alas,
Tampoco es conducente.
Cuando la obligación se ciñe sobre nosotros,
Nos perdemos en el laberinto,
El disfrute es como una estrella fugaz en el cielo,
Somos autómatas,
Rendimos cuentas,
Ajenos a nuestra propia voluntad.
Dejar decantar,
Sacarle el peso,
A la examinadora mirada interna,
Que asecha por la mañana.
Caminar,
Sin confrontar,
Anclarnos en nosotros,
En las materias que tenemos adentro,
En nuestra capacidad de disfrute,
Que la liviandad de nuestro deseo,
Guíe nuestros hábitos,
Surfeando hacia buen puerto.
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