Camino por
la calle,
Y observo
las hojas que penden de los árboles,
¿Son acaso
más verdes que antes, me pregunto?,
Hace tiempo
que no las miraba así,
Con tal
detenimiento.
Me río,
¿Qué me
está pasando?,
Me
sorprendo de volver a encontrarme en este lugar,
Que no
habitaba hace tiempo.
Me vuelvo a
reír, para mis adentros,
Cuan
curiosa es la vida,
Cómo
ciertos encuentros se dibujan con el más inesperado de los pinceles,
Y,
parafraseando a Kafka,
Nos sacuden
como un hacha que rompe el mar de hielo que llevamos dentro.
Por tercera
vez, me río,
Esta vez irónicamente,
Pensar que
hace tan poco dudé en venir a Buenos Aires,
Al final,
le tengo que agradecer a mi viejo,
Que me
motivó a abandonar mi nuevo hogar,
En el que
tan cómodo me sentía,
Para
emprender un riesgoso viaje al sur.
Justamente,
volver me sacó de esa zona de confort,
Lograste tanto
con tan poco,
Tres
momentos bastaron,
Tu
originalidad sincericida,
Y esa
tierna sonrisa,
Descoordinaron
un reloj en el cuál todo parecía sincronizar bien.
Qué
difícil es hacerse entender ante un otro, ¿no te parece, Ailu?,
Que pueda comprender
qué pensas y qué sentís,
Sin
malentendidos.
Sé que queda un montón por conocer[te],
Y que mucho
de esto puede ser una idealización,
Pero la situación me retrotrae a cuando visité París,
Tenía solo
un día y medio para recorrer esa hermosa ciudad,
Sabía que
mi destino próximo era distante,
Más la ciudad me
obnubiló de una manera que prácticamente ni dormí,
Tanto que
perdí un tren y casi no encuentro otro para partir.
El futuro,
uff…
¿Quién
sabe, no?,
Me digo que
mejor es no proyectar,
Aunque
pienso de nuevo,
Y me
pregunto por el título que le voy a poner a lo que escribí,
Y lo sé,
Tal como a
París, a vos quiero volver.