sábado, 2 de octubre de 2021

Juan

Juan caminó por las calles de su mente,

No sabía que hacer,

Pensó en lo que era,

En lo que podía dejar de ser,

En si su accionar podía quebrar su existencia,

Si, en algún momento,

Podría hablarse de un antes y un después.

 

Consideró que seguramente todo esto era un sinsentido.

Él era Juan,

Y esa persona dentro suyo siempre iba a ser Juan,

Pero... ¿Qué significaba eso?

Le parecía tan etérea la idea de Juan,

¿Existía Juan?

 

Todo lo que creía saber de él,

En el fondo,

Partía de sus ideas,

Tal vez también de su impresión sobre los dichos de los demás.


¿Podía ser acaso que él fuera diferente?,

¿Qué tal si su idea de él estaba tan poco anclada en la realidad como los colores?,

Los que creemos que son propiedades de las cosas,

Pero que se deben a esa caprichosa longitud de onda que percibimos.

 

Juan se dijo a sí mismo que los griegos se equivocaron,

No había materia o principio elemental,

Siguiendo a Descartes,

Somos los Sujetos que nos pensamos.

 

De hecho, para Juan eso tenía sentido,

La gente,

Tan parecida la una a la otra,

Actúa distinto porque piensa diferente,

Cree en algún valor o idea,

Y obra en su vida siguiendo ciertos criterios,

Unos que son tan ciertos como falsos,

Porque hay tantas vidas como formas de vivirla.

 

Aunque las ideas también podían ser fugaces,

Siempre lo había sorprendido lo fácil que era auto justificarse,

Basta con darse una explicación razonable,

Y ¡pum!,

Actuamos sin seguir los criterios de validez de alguna norma moral o ética,

Una que hace cinco minutos parecía definirnos.

 

¿Por qué será que la gente acepta algo como verdad?,

¿Se cuestionarán quién son de tanto en tanto?,

¿O podría ser que en realidad somos una amalgama de concepciones contradictorias?,

Que, por más que creamos lo opuesto,

No hay una armónica figura en nuestro rompecabezas,

Sino muchas,

Aunque las piezas no encajen,

Nos constituyen a la vez.

 

Juan se percató que siempre le dio terror la idea vivir como un zombie,

Siguiendo algún guion que alguien escribió,

Porque dicen que adaptarse es humano,

Que en un momento,

Nos vemos tentados a rendirnos,

A dejar de buscar,

Y, al final,

Tal como los cuerpos físicos,

Por la inercia nos dejamos llevar.

 

Juan reflexionó,

¿Qué le aportaba el nihilismo?,

Ese en el vivamente había descendido,

¿Qué hacía ahora?


Tomó conciencia que, aún sin la cohesión que anhelaba,

Con su propia guía contaba.

Respiró profundamente,

A fin de cuentas,

Puede ser que eso sea todo lo que importara.

viernes, 3 de septiembre de 2021

La introducción del cuento

Una noche,

Todo cambió,

Una voz al oído, 

Me susurró,

“¿Te gusta Flor?”,

Una pregunta tan excitante como atemorizante,

Qué peculiar amalgama, ¿no?

Dicha que reviste usualmente a nuestros más profundos anhelos. 


Guiado como un niño,

Subí esas escaleras,

Las que durante años escalé,

Sin percatarme de que un día,

El enrulado destino,

Me conduciría hacia la puerta de al lado,

Hacia una dimensión,

Que no había transitado. 


Fui para atrás,

Me sentí transportado,

A una fila en la madrugada,

Mi primer sábado,

El día que ideé los más remotos escenarios,

Para volar,

Evadir el entorno,

Del que me sentía marginado.  


La puerta y mi corazón,

Latiendo al compás de unos miedos,

Esos que al cuerpo,

Por momentos,

Lo dejan tieso.


Qué crítico momento,

Cuando no se sabe quien gana,

En la lucha de nuestro cuerpo,

Por evitar el padecimiento. 


Vivir,

Es escapar de ese universo,

Donde hacemos equilibrio,

Habitando conocidas paredes,

Un cubículo dentro nuestro,

Mientras deseo aúlla,

Ansía romper el cascarón,

El que con nuestra permisividad,

Nos hemos dejar puesto.


Pienso que cuando un camino empezamos,

No es un prerrequisito saber que hacer, 

Una vez que al horizonte debamos adentrarnos.


Así fue que corrí el telón,

Ingresé al cuarto.

Luego de incontables palabras derramadas,

De inexperta vacilación,

Compartí con vos,

Ese íntimo momento,

El que más adelante,

Nos parece la introducción del cuento. 


Portando una sonrisa interior,

Bajé las escaleras con un júbilo inédito ,

Finalmente brotó el sentimiento,

El que hasta ese entonces,

En mí persona estaba durmiendo. 

viernes, 27 de agosto de 2021

Ese mundo

Aunque en mi memoria,

Ya no exista el recuerdo,

Persiste la sensación,

Sí,

La que me provocaste,

Al entrar al departamento de Arcos. 


Tenías esa mirada,

Simultáneamente pícara y atrevida, 

Que no resulta desapercibida.

No se qué pasó por tu mente ese día,

Me queda la intriga.


Cuando por primer vez,

Esos ojos verdes en mí se posaron, 

Por un momento,

Me obnubilaron,

Nunca del todo se marcharon, 

¿Qué puede más que una mirada, no Melina?


Las tribulaciones,

Que ocupaban mi mente,

Solían opacarse en el lienzo,

Cuando distintivamente aparecías.


Disfrutaba esos eventuales encuentros, 

Afilados y seductores,

En los que pretendía esconder mi vacilación,

La que provoca ese mundo,

Que te intriga e intimida,

En el que con placer, 

Te internarías. 


De la forma más inverosímil, 

Surgió una birra,

La tinta,

Escribió las páginas,

De ese momento,

Qué mi deseo perseguía. 


Unas vez dejados atrás, 

Esos juegos preliminares,

Me sentí dichoso,

Entre sábanas,

Vinos y música,

Cartas tiradas a la medianoche, 

Por un instante,

Vislumbré ese mundo,

Que siempre quise haber descubierto,

El que tu persona indicada,

Habitará por más tiempo.

jueves, 26 de agosto de 2021

La trampa

A veces me interrogo,
¿De qué somos capaces?
Nosotros los seres humanos,

Dioses de la creación. 


El relato que nos contamos,

Sea quizás la más trampa más nefasta, 

Las parábolas son lindas de escuchar,

Más sus corolarios difíciles de aplicar. 


Allí, dónde el deseo florece fervientemente, 

El torrente que lo alimenta,

Disminuye el crepitar de los valores,

Sostenidos para el afuera,

Relativizados para el adentro. 


Los privilegios que no se cuestionan,

Se gozan,

Mientras tanto,

Otros observan una fiesta, 

Oyen el tintinear de los copas, 

Habitando en un lugar, 

Donde sus sueños se marchitan. 


¿Será que hay que adaptarse?

El mundo es así, nos dicen unos,

¿Será que hay que pagar el precio?

Ya llegara el momento y entenderás, expresan otros. 


Aunque en el cénit,

El Sol no permita vislumbrar el cielo,

Los demás cuerpos celestes se encuentran allí,

Somos nosotros,

Quienes cegados,

Los olvidamos. 

martes, 15 de junio de 2021

Noventa

¿Cómo describirte?

¿Cómo acaso describirnos?

Se me viene a la mente,

Que tal como un caleidoscopio,

El cual pintorescamente combina una miríada de atributos,

Para el afuera,

Somos inherentemente percibidos de forma fragmentada.

 

En mi caso,

Cuando ahora venís a mi memoria,

Te imagino yendo a La Plata,

Sentada en el Ferrocarril Roca,

En tu larga travesía hacia abogacía,

Durante esas épocas,

En las que el blanco y negro,

Era la moneda usual.

 

La fortaleza de tus ojos,

Así como la de tu por momentos inescrutable rostro,

Me hace imposible no pensar,

Que hubiera sido de vos,

O, mejor dicho,

Qué hubieras hecho de vos,

Si no hubieras nacido en un mundo en que una falda,

Coartaba esa libertad,

De ir tras propias pasiones,

La potestad de no aceptar realidades indeseadas.

 

Vos seguro te cruzaste mucha gente,

Si has recorrido muchos países,

Y asistido a numerosas reuniones sociales,

De esas aburridas,

En las que se dice lo correcto,

Que lo que importa es el bulto del costado derecho del pantalón,

O suele imperar cierta cortesía burguesa,

Esa que de lejos revuelve el estómago.

 

Por eso mismo,

Sé que estas al tanto de lo que digo,

De que hay gente que pasa por ahí,

Sin dejar rastro,

Seres sin voz y sin nombre,

No sé si alguna vez te habrán hecho seguir ese juego,

Más la Dora Puscar que conocí,

Tendió a gozar de un desparpajo,

Que escapó de dichas costumbres,

Así como a esos desdeñosos prejuicios,

Los que suelen dejar atrás a las generaciones que nos preceden.

 

Pero acá,

De todas formas,

No importa tu notoriedad entre las multitudes,

Ni tampoco la objetividad, por si acaso,

Sería ridículo imponérmela,

No habrá jamás alguien como vos en mi vida,

Ese ser humano que combine en sí mismo,

El rol de confidente,

Y que brinde esa seguridad,

Semejante a la de un pichón en un nido,

En el que uno se siente confortablemente a gusto.

 

Por todo eso,

Así como gracias a esa famosa palmada,

Que en ese verano lejano,

Impidió que un caracol me saque el aliento,

A falta de un sentido abrazo,

Te entrego en persona este breve texto,

Para desearte un muy feliz día.

Felices Noventa 😊

Looking Back

When I was younger,

I took a sabbatical year,

And I traveled through the countryside.


During my journey,

At spring,

I stayed in a small town.

There, I regularly saw two butterflies,

They were playing in the meadows,

Flying upon each other.


I enjoyed such moments,

The peacefulness I felt.

Such sensation,

Went well into my bones. 


One day, 

At dusk,

I went again to the same place,

But there was no trail of them.


After searching for a while,

I sat down on a lump of sand,

Below an elm tree.


Feeling the relentless rotation of the earth underneath me,

And watching the sun disappearing throughout the horizon,

I kept wondering about them.


Suddenly,

I remembered something they once told me:

When we see the stars,

We don't really know they are still there,

They might as well have disappeared a long time ago.

Straightaway, I realized,

Despite its occasional misfortunes,

The present is all we have,

And I stood up to my feet.


We’re just a tiny ripple on an immense sea, 

What the future awaits us,

It is certainly unknown,

But while the clock is still ticking,

We might as well make a move, 

And try to enjoy the uncertain ride. 

jueves, 13 de mayo de 2021

Paraíso temporal

Pareciera que hace miles de años,

Un tal 3 de enero,

caminaba por la calle Arcos...


Bajo el refulgente sol de enero,

Las hojas de los árboles convocaron mi atención.

Me acuerdo como si fuera ayer,

“¿Son más verdes que antes?”, me pregunté,

Hace tiempo que no las miraba así,

Con tal detenimiento.


Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de mis labios,

Me sorprendí de volver a encontrarme en ese lugar,

Que no habitaba hace tiempo.


Caí en que, pasadas veinticuatro horas de verte,

Quería compartir mi tiempo con vos de nuevo.

Hay encuentros que se dibujan con el más inesperado de los pinceles,

Y, parafraseando a Kafka,

Nos sacuden como un hacha que rompe el mar de hielo que llevamos dentro.


Tres momentos bastaron,

Tu frescura sincericida,

Espíritu dinámico,

Más esa tierna sonrisa,

Me desarmaron.

Dieron vuelta el eje de un reloj,

Que aparentaba estar calibrado a la perfección.


Qué difícil es hacerse entender ante otro, ¿no te parece Ailu?

Que pueda comprender qué pensas(te) y qué sentís(te),

Sin malentendidos.


Siendo un anecdótico amor de verano,

Nada podría haber sido mejor,

Los impedimentos más notorios,

Se esfumaban uno a uno en el aire,

El vértigo aceleraba nuestras pulsaciones,

Y nos sumergía en un atractivo ensueño. 


Ante la suspensión de mi partida,

Por un instante escapé,

A un mundo de lectura y mates compartidos,

De atardeceres y sonrisas al unísono,

Un paraíso temporal,

Para escapar del vendaval,

Al que la existencia muchas veces nos expone.


Pasado un tiempo,

Ya establecido en Buenos Aires,

Entendí que esa historia,

Que podría haber sido una incógnita,

Para esas charlas de verano,

Cuando se recorren esos caminos que no se han transitado,

Se volvió terrenal.


No lo escondí, la transición me costó.

Esa famosa metáfora de las vacaciones,

No era más que una ilusión,

Construida para aceptar mi cotidianeidad,

Verte era un hecho ocasional.


Los elementos,

Antes tan alineados, 

Se volvieron en nuestra contra.


Mi futuro,

Cortó nuestras las alas.

El ajetreo de tu presente,

Presentó una potente fuerza,

El magnetismo de nuestra piel,

Era repelido por una discontinuidad tal,

Que, más allá de las palabras,

De esas eternas mañanas,

Orbitabas fuera de mi alcance, 

La excepcionalidad era la regla.


La nueva temporada,

Fue de encuentros y desencuentros.


Finalmente,

Ante la partida del gran pez,

Los días de marea baja,

Dejaron al descubierto la desnudez de la playa.


Era momento de barajar,

Dar de nuevo,

Asimilar la enrevesada realidad,

Soltar el peso.


El egoísmo de mi voluntad,

Acabaría cediendo,

Nuestros caminos se cruzaron,

Una linda historia me llevo.